por Raquel Robledo Rosario
Resumen: Estos textos fueron desarrollados en talleres de escritura con Mairym Cruz-Bernal, y exploran el surrealismo del campo puertorriqueño. La voz narrativa mantiene un tono en trance que parece levitar y hablar en lenguas.
Las imágenes que acompañan los textos son de la serie Dreaming Gave Us Wings por Sophia Nahli Allison y escogidas por Juan León. Un poco sobre la serie fotográfica: «In this self portrait series the body experiences a physical conjuring of flight to remove self and black women from an oppressive world and find peace in the psychic space. Inspired by the importance of afrodiasporic flight within folklore and history, these images house a deep remembrance of survival and freedom.»

Siembra, Si Hembra
Aquel rojo grito del Guaraguao respira sombras por solo unos siglos. Maniatadas, azules líneas corren enredadas por la carretilla chiquita que sube, naranja entre surcos relucientes de batutas cristal. Dispara deliciosa podredumbre de aromática semilla, en desnivelado pensamiento de ociosa hormiga solitaria, atascado verde grito duerme la noche intermitente del olor. ¿Que se comió la lengua nueva fuera de la fiesta llena de en-ojos? El aire busca socorrer los gustos con anticipadas guitarras de espesas raíces en el amarillo sótano de tu paciencia. Al ausentarse la sombrilla respiras sombras solo por unos siglos de aquel rojo grito del Guaraguao.
4 de abril, 2015

El Gallo Culeco
Si él quisiera un poco del sueño que boté esta mañana, lo dejarían bailar con las cucarachas, pero aunque ya se lo he dicho muchas veces, corre tras el avestruz en intentos de subir por grietas de madre, en plumosa espuma tornasol hacia las nieves de ese Kilimanjaro movedizo, sin detenerse para dejar que pase la procesión de 20 carros rumbo a los santos en el campo de otro pueblito por la autopista con banderines y ese son-y-tumbao que remenea la mierda de las vacas mientras sus toros solo meditan sobre cómo ser alimento para tantas almas perdidas en blancas nubes largas aladas como mosquitero viejo pues yo, que casi no puedo masticar con estos dientes de embuste para llenar panzas de ingeniadas modificaciones genéticas, necesito de su ternura (¡no ternera!) que me suelte sus carnosas hilachas para así fluir porque deseo renovarme cada día, aunque sea guisando la soledad del gallo culeco que acaba de ser espacharrao’ por la comitiva que en su preciada carga dará de comer a billones de criaturas en el microcosmos de su tumba.
7 de febrero, 2015

por: Natalia N. Merced Rosado
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