Por Naomi Curbelo 

Mi nombre es Naomi Curbelo, tengo 21 años y soy estudiante de maestría en Consejería del Abuso de Sustancias Controladas. Actualmente, concurso en el certamen de belleza Miss Earth PR y soy activista ambiental. Desde  pequeña he sufrido microagresiones  y todas en su mayoría de mí núcleo familiar, desde pasar toda las noches religiosamente junto al calentón del blower hasta apretones de nariz para “reducir su volumen”. 

Cuando comencé en el ballet, recuerdo que llegó un punto donde me limité a desempeñarme de la forma en que podía porque tenía mentalizado que ningún papel principal iba a poder ser ejercido por una “negra como yo”. Pero todo esto lo veía como la norma para una mujer con atributos como los míos. Fueron muchas las noches en las que lloré llena de odio y culpa. Sin entender por qué por mi color de piel las cosas eran sumamente complejas y en ocasiones limitantes. 

Recuerdo cómo por años veía imposible ser candidata de un certamen de belleza, pues las participantes que televisaban no eran para nada a como yo luzco. Esa visión de belleza que yo percibía por años retumbó en mi mente de manera negativa. No fue hasta mis 16 años que entendí que mi belleza era mucho más de lo qué muchos podían comprender, y fue ahí cuando comencé a amarme y entenderme. 

La belleza para mí es solo una declaración de vida y es tiempo de que se nos eduque sobre diversidad y equidad en todo los aspectos. 

Cuando comencé esta transición, logré aprender más sobre mi cabello, amar mis raíces y conocer mi cultura. Pero a pesar de ser sumamente feliz con mi desenvolvimiento y crecimiento personal, me topé con otras realidades. El cabello fue una de ellas. Esto es una problemática que enfrentan de manera diaria las personas negras, que, a pesar de leerse como algo tonto, tiene unas connotaciones negativas y frustrantes las cuales nos limitan de expresarnos plenamente en el diario vivir. Sin mencionar cómo en muchos empleos no fui elegida por llevar estilos protectores (trenzas).

Es tiempo de que erradiquemos el racismo de una vez y por todas. La educación es la base para poder vivir en armonía y equidad. A pesar de que aún puedo ser el centro de burla para muchos, de prejuicios, celebro mi negritud y vivo aprendiendo día a día de la misma. Esta es mí historia y como ella existen muchas con situaciones mucho más agravantes. Es hora de reflexionar, aprender, desaprender y brindar visibilidad a los sectores que por mucho tiempo no han logrado ser escuchados.

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