por Rosario Méndez Panedas

AVISO
«Corregimiento de San Germán: En este territorio ha aparecido una esclava
natural de África que dice llamarse María, de color claro, delgada, nariz chata, ojos
alegres y una señal al parecer de su país hecha en la frente que le baja a la nariz;
de 40 años de edad, tiene además un grillete en cada pié».
La Gaceta de Puerto Rico, 29 de julio de 1854
Cuando Porfirio me leyó el anuncio, supe que era ella, la habían apresado de nuevo. Me lo había dicho en suahili muchas veces: Nitakuwa huru tena (Seré libre otra vez). La alegría de sus ojos cuando lo decía, no dejaba dudas de que lo conseguiría. Los que la capturaron también se habían dado cuenta de que sus ojos eran alegres y por eso lo incluyeron en el anuncio. Sus ojos son muy distintos a los míos, a los de tantos otros que hemos perdido la esperanza de alcanzar la libertad; los nuestros no pueden sonreír.
Desde que María se escapó de la hacienda, hace dos meses, Porfirio me ha traído el periódico de la casa grande todas las noches. Juntos revisamos despacio, con miedo, la sección de los avisos. No sé leer, pero he memorizado la palabra AVISO y la busco con avidez, casi siempre está al final del periódico. Ayer, Porfirio leyó el anuncio con dolor. A mí me entró un deseo enorme de abrazar a María y decirle que sí, que lo iba a lograr, que yo era una cobarde que no me había atrevido a seguirla. Ella volvería a intentarlo una y otra vez y sería libre.
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Muy bonito y conmovedor