por Priya Tatiana
Soy hija de músico, hija de actriz.
Soy negra, soy afro, soy grito, soy yo.
Empecé en el arte en la Escuela de Música en Carolina cuando tenía 4 años. Mi papá era maestro allí y mi mamá era maestra en distintas escuelas en Loíza. Somos 3 hermanos y yo soy la mayor, y a quien más le llenó el arte fue a mi. Creciendo, tocaba violín. Siempre “la jíbara” en la puertorriqueñidad hasta graduarme de la escuela e ir a la universidad con metas de ser “la actriz.”
Fue difícil. Matemáticas era lo peor, pero historia siempre me sanaba. No pude empezar en la IUPI. Mami estaba histérica porque creía que iba a salir granjera por estudiar en el CORMO, pero ahí encontré un grupito de teatro y después un curso con el actor puertorriqueño Vicente Castro.
Logré llegar a “la ciudad” y me matriculé en la IUPI. Estaba más que lista para audicionar y le pedí a mi mamá que fuera mi compañera de audición. No pasé la audición porque “no era lo suficientemente parecida al personaje.”
Volví a audicionar, pero “ya tenía un elenco imaginado y no eras parte de ese grupo.” Otra vez más, pero esta vez dijeron “tú experiencia no es tanta.” Terminando el bachillerato y solamente exámenes finales de actuación eran mi experiencia profesional, adicional al Día Mundial del Teatro en la UPR de Río Piedras en el 2019.
Siempre estuve en la oficina del Departamento de Teatro en la IUPI, pues mi mejor amiga era secretaria. Un día, el profesor de maquillaje la saca a parte para preguntarle quién yo era. El profesor estaba encantado porque era el físico perfecto para la Antígona Pérez. Audicioné porque confié que, a pesar de 4 años y medio de bachillerato, se me iba a dar la oportunidad. Se me dió y estaba bien feliz. Me dolió un poco aún siendo escogida porque fui escogida siendo estudiante transitoria y no era Antígona Pérez, era Antígona africana. ¿Porque tengo un afro soy esa Antígona? ¿Porque soy muy ruda soy esa Antígona? Escogieron a una mujer de pelo lacio para ser Antígona Pérez.
Me superé y quedé encantada porque yo sé que mi talento está cabrón y yo actúo como si me fuera a matar al otro día. Me dieron otra Antígona, Antígona diosa “Mamá Ezili”, la de Haití. Era feliz porque, al fin, podía poner en mi porfolio que fui parte del Teatro Rodante. Mi mamá insistía en que los mejores actores de este país salen de ese colectivo universitario y yo estaba lucía. Puñeta, porque era negra y estaba en ese colectivo.
En un ensayo que era “solo tirar líneas”, solo tiré líneas. El director se molestó de la nada y decidió eliminar la escena de la Antígona diosa. Al otro día, cuando voy al ensayo, Antígona diosa no se eliminó porque Antígona diosa ahora era otra mujer de pelo lacio. Yo me jodí informándome de Mamá Ezili porque yo sabía que era imposible que fuera ella y encontré justamente lo que buscaba.
En la historia, Mamá Ezili es considerada una segunda Virgen Negra como la de Polonia; por los milagros que ha hecho y los sacrificios que hizo por su hijo; pero aún así la pintan de blanca. Así que diré sin miedo alguno que, estoy segura que se aprovechó de esa confusión de ser una diosa “blanca” y le dio el personaje a mi amiga por una “malacrianza” de mi parte. Antígona era lo único que tenía porque en mi trabajo me dijeron “o trabajas o ensayas” y me despidieron. Aún así, fui una de las negras que estuvo en el Teatro Rodante del 2019. Soy negra y presenté teatro en la Universidad de Puerto Rico. Nadie me quita eso.
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