por Saraí Ayala

No sé por dónde empezar a contarte sobre todas las cosas que no llegaste a ver. ¿Será bueno? ¿Será malo eso? El mundo que dejaste no es el que tengo ahora. La crueldad es la misma, pero es más visible ahora. Todavía dan el programa de televisión que no te gustaba y las butacas del cine siguen siendo incómodas en tu cine favorito. Han salido varias películas de dinosaurios, estoy segura que me hubieras hecho verlas múltiples veces, así que lo hice. Hay muchas cosas que hubieras gozado y por ende, yo también. 

Es difícil pensar que hubiera podido sorprender a un niño de 12 años que pasaba sus días viendo videos de conspiración sobre instituciones religiosas y sobre “aliens”. Probablemente saber que a muchas personas las han matado por su identidad de género, por su orientación sexual, por su color de piel o por su lugar de procedencia te hubiera molestado mucho. Te imagino usando tu temple calmado y tu sabiduría para hablarle a la gente sobre como “tienen amar y reir, ya”. El mundo de ahora no te merece, pero te necesita. 

Encontré amor, y aunque no lo perdí, se transformó. Seguramente me hubieras pegao´ tremendo vellón sobre eso. Igual te lo hubiera comentado. Me gradué. Me arrepentí de lo que estudié. Me frustré. Encontré otras pasiones. Fue bien difícil hacerlo sin alguien que se sentara conmigo a hablar mientras compartimos una pizza. ¿O serían dos? Te imagino pidiendo más y más a medida que pasa el tiempo. Todo para terminar diciéndome que así es la vida, así es el mundo. Así es el mundo, que te necesita pero no te merece. 

Todavía no hay cura al cáncer. Todavía la justicia no es ciega. Todavía muere mucha gente sin necesidad.  Todavía hay mucho odio. Todavía no le ponen mucha mantequilla al popcorn del cine. Todavía hay que pelear por derechos básicos. Todavía no he empezado a hacer el jardín que prometimos hacer. Al mundo le falta luz que motive. Le haces falta tú, aunque no te merezca. 

¿Pero sabes qué? Somos más fuerte como comunidad. Hay mucha gente buena en comparación a la gente cruel. Ahora me atrevo a usar mi voz. Ahora hay más empatía. Ahora no se me olvida cuidar mis plantas. Ahora como vegetales, como tú me decías que hiciera. Ahora soy capaz de tenerle la esperanza al mundo que tú le tenías a diario. Y sobre todo, ahora entiendo que el mundo no te merece y no merecía que te compartiéramos con él, pero te necesita. 

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