Las historias son el pasado viviente, y una visión para el futuro. La cultura afrodiaspórica ha sobrevivido los numerosos embates que sufrió —y sufre— en manos de otros, gracias a las historias que nos contamos. La perseverancia que mantiene a lxs negrxs vivxs depende de la habilidad que nos proveen las historias de abrazar a nuestros antepasados. 

Hay algunxs que poseen un don innato por contar historias con una sensibilidad increíble. Logran abrir nuestras entrañas y dejar al descubierto los traumas generacionales que aún no superamos. Esa fibra que tocan, nos conecta a través de comunidades y permite que la empatía florezca. Jhonny Hendrix es uno de ellos. Su mano cinematográfica crea universos plagados por la nostalgia, por el amor a Chocó, por la celebración de su gente negra y por la esperanza de un futuro justo. 

Sus filmes no necesitan gritar su mensaje, pues es en sus silencios que se siente la fuerza del hijueputazo que da el cineasta. Hay rabia, dolor, añoro, pasión y amor por nuevos mundos imaginados. Solo se necesita escuchar con más atención a lo que susurra el agua del Pacífico, allí están los secretos que tanto buscamos. 

Entrevista por Natalia Merced y Kissy Perea. En colaboración con Roots Entertainment, Colombia.

NM: Háblame de tu relación con el cine y el arte en general. 

JH: Yo nunca quise ser cineasta. Quería ser escritor, novelista. Mi referente era Gabriel García Márquez. Dirigir fue porque a Jhonny Hendrix no le pueden decir “esto no lo puedes hacer” o “no eres capaz de esto”. En algún momento, yo estaba produciendo una película de un director aclamado en Colombia y ese director me dijo que definitivamente yo me tenía que dedicar a los números u otras cosas, pero no a dirigir ni a crear ideas. Creo que esa fue la patadita de la buena suerte que me dio el impulso suficiente para concentrarme en hacer cine, empezar a contar las historias y a colocar protagonistas afro que no existían en nuestra cinematografía en ese momento. 

Haber realizado la película de Chocó, haber puesto una mujer afro como protagonista por primera vez en el cine colombiano, por primera vez contar las problemáticas de mi territorio y que por primera vez sea una mujer la que guíe y lleve a cabo estas historias, me hace sentir muy orgulloso y honrado por lo que logró esa película. Por el eco que tuvo no solo en Chocó, pero en Colombia y Latinoamérica. Era necesaria para ese momento y siguen siendo necesarias películas con ese tipo de temática. 

NM: Sí. Yo pienso que Chocó y todo el trabajo que tú haces es sumamente importante porque no hay representación en los medios masivos de la comunidad negra latinoamericana. De donde más se ve es de Estados Unidos hacia acá. Nos toca ver cómo usamos las herramientas que tenemos para crear nuestros propios espacios y contar esas historias. 

JH: Me preguntas por qué me dediqué al cine. La verdad es que me dediqué al cine porque llegué al cine. Me mantengo en el cine por eso que dices. Cuando hablamos del proceso de la esclavitud y de la historia negra, nuestro referente es Estados Unidos. 

He estado asesorando series y películas que tienen que ver con la temática y la gente no sabe cómo vestía nuestra gente durante ese periodo tan importante y devastador para nosotros. No hay forma de narrar la historia sin el referente norteamericano. Por eso es importante comenzar a contar nuestras historias y generar referentes que sean nuestros. Por eso es importante que nosotros estemos allí, que ocupemos el lugar, escribamos nuestras historias y las contemos. 

NM: Tocando ese tema, háblame sobre el uso de la música y el paisaje en tus películas, especialmente Chocó.

JH: Pues en Chocó yo nunca quise colocar música literalmente. El sonido que quería recrear es del agua porque el Chocó es un territorio en donde el agua prevalece. Es un elemento que nos da vida, nos recoge. Ir al río es una de las escenas más importantes de todo el departamento. Yo quería enmarcar todo el tiempo el sonido del agua. Por eso las canciones que llegan en el medio de la película llevan de alguna manera la marimba. 

La marimba es el único instrumento en el mundo que recrea un poco el sonido del agua. Cuando no hay música, está el sonido del río, un riachuelo, la lluvia. Cuando hay música, es música orquestada a partir de la marimba. Obviamente hay un tema de la chirimía. La chirimía tiene que estar porque es la música que nos representa a nosotros como chocoanos. La música la tratamos de insertar más por su sonido del agua, que es de alguna forma el elemento que nos limpia, nos acoge, nos une. Para mi era muy importante tener el sonido del agua como símbolo en la película y como símbolo de que esos ríos son lugares donde las mujeres se reúnen. Inicialmente para lavar ropa, pero también es un lugar de unidad en donde hablan y cuentan las historias duras y fuertes. Es también el lugar donde se lava el oro, es el lugar donde se hace todo. Por eso era importante el sonido del agua. 

En mis otras películas lo que trato es un recorrido por Latinoamérica porque creo que la música para nosotros es felicidad, pero también es nostalgia y mis películas son nostálgicas. En la música, en la fotografía trato de recoger esa nostalgia de nosotros como afros. Creo que estamos sembrados de nostalgia por el territorio que perdimos. Un territorio del cual nos hurtaron, nos sacaron. Siempre vamos a tener esa nostalgia del lugar que nos perteneció y que ya no es nuestro. Parecemos almas sin lugar y por ello mis películas hablan de la nostalgia, de volver a ese entorno. 

NM: Me encanta la manera en que abordas el sonido en tus películas. Me parece hermoso y espiritual. Cuando hablas del agua, se asemeja mucho a Puerto Rico. En Puerto Rico, por ser una isla tenemos una conexión bien directa con el mar, pero también tenemos un montón de ríos y hay mucha espiritualidad en usar el agua como un método de limpieza y sanación del espíritu. Me hizo pensar en Yemaya y Oshun, y esos elementos curativos que puede tener el agua como una manera de conectar con otras generaciones. 

KP: ¿Por eso es que se llama Atarraya? Yo había leído en unos artículos que Atarraya nace como un proyecto para esos jóvenes que empiezan a indagar en el cine. Entonces llegó Chocó y algo pasó en el Pacífico que cambió la visión del cine. Los chicos se empezaron a interesar mucho más en el cine. ¿Crees que todo esto que hiciste con Chocó tuvo una repercusión en el Chocó o en el Pacífico?

JH: Me queda mal decirlo, pero yo pienso que sí. No porque haya sido un éxito la película, no porque haya roto estándares. Creo que más que todo eso, lo que sí logramos fue empezar a hacer un referente. 

Tenemos referentes en la música, en el deporte y en el baile, y lo bonito que está pasando en esta década es que estamos creando otros referentes. Ahora tenemos referentes en el cine, la física, la química. Estamos teniendo referentes que se convierten en líderes políticos. Creo que hemos logrado mucho y Atarraya es ese componente que de alguna otra forma le dice a todos “sí podemos”. 

La principal razón por la que existe Atarraya es que cuando nosotros estábamos haciendo Chocó, empezamos a hacer unos talleres con los chicos y las madres. Es una película que habla sobre el maltrato en el hogar, así que queríamos encarar el problema. Le pregunté a los niños que querían ser cuando grandes y nunca voy a olvidar a Carlitos. Carlitos era un chico bastante agresivo, pero cuando le pregunté qué quería ser cuando grande me dijo sicario. ¿Qué uno le responde a un chico que te dice eso? Así que Carlitos se convirtió en el asistente de producción. Estaba en el set con las cámaras siempre. Cuando terminamos después de muchas semanas de rodaje, salí a buscar a Carlitos y no lo encontré por ningún lado. Me fui en un mototaxi por la selva y de repente veo que Carlitos venía corriendo tratando de alcanzar la moto. Me bajé para darle un abrazo y Carlitos me dijo: “Ya sé que quiero ser cuando grande. Quiero ser fotografo.” Eso cambió mi mentalidad. Creo que la película cambió el imaginario de muchas personas que estuvieron allí con nosotros. 

“Siempre en mis películas habrá un protagonista afro porque es necesario que estemos, que aparezcamos y que existamos en el universo cinematográfico y literario. Hay que pegarle un grito al mundo para que sepan que aquí estamos.”

KP: Esa historia de Carlitos me pareció super bonita. Entonces, me viene la historia de los cinco chicos que inspiraron ¿Quién Los Mató?. ¿Cómo fue que se dio ese proyecto que nació de la rabia?

JH: Creo que uno de los mayores problemas que tiene Colombia es que estamos perdiendo el sentido de humanidad. Estamos perdiendo ese sentido que nos hace diferente a los animales. Lo digo porque cuando leí la noticia sentí empatía, pero lo que más me costaba era leer lo que la gente decía sobre los chicos sin conocerlos. Leer a la gente decir que eran ladrones, que eran adictos. Básicamente los emansillaban sin haberlos conocido, por dos razones: porque eran del distrito y porque eran negros. Esas eran las únicas razones. Eran pobres y eran negros. Eso me dolió mucho. 

Empecé a pensar que esa historia había que contarla. Tuve la intención de escribir un guión para una película, pero me di cuenta que hacer esto se iba a demorar unos cinco años y cuando narre la historia nadie se iba a acordar de quién eran estos chicos. Empecé a escribir un cortometraje y cuando ya había escrito la primera hoja, pensé en que podía tener éxito en festivales pero no lo iban a recordar. Entonces ahí llamé a mi sobrino Hendrix y le dije: “¿Por qué no hacemos una canción que tenga que ver con esta problemática y de alguna forma recree todo esto y lo ponga a la luz? Que la gente no solo termine cantando la canción, sino que termine dolida por lo que pasó y que sea una canción que se repita una y otra vez cada vez que ocurra algo parecido.” De ahí salió la letra de ¿Quién los mató? Invitamos a Alexis Play, Nidia Góngora y a Junior Jein. Conseguí cinco chicos y fue como golpearnos de la nostalgia de cinco almitas que se fueron. El plano final es eso, muchas almas volando a lo alto y que nos están abandonando. Son luces que se nos van. Esa es la idea del video, esa es la idea de la canción. No había ninguna otra intención más allá de generar repudio hacia este tipo de hechos que suceden y vuelven y suceden. La gente de ultra-derecha en este país sigue replicando que es porque somos malos. Ahora todo aquel que golpean o que aparece muerto es porque es un maleante, un drogadicto o un narcotraficante. No importa si tiene 10 años, no importa si tiene 40 años. Lo acribillan en las redes sociales y eso tiene que parar, de alguna manera tiene que parar. 

NM: Podríamos argumentar que Black Panther es la película con un elenco completamente negro y que celebra la cultura negra que más éxito ha tenido en la historia moderna. ¿Cómo se tradujo este éxito en Colombia? 

JH: Fue un golpe muy positivo para las comunidades afro. Es un cómic desde hace muchos años, pero la película lo hizo universal e hizo que muchos niños se identificaran con él. Vemos a todo este grupo de actores que no están pidiendo que le den un poco, sino que los personajes son creados para ellos. Cuando ya vemos esto, es una instancia muy importante. Supremamente importante. Yo hago cine y hay gente que dice que yo solo hago películas para negros, con desdén, como si eso estuviera mal. Pero la verdad es que Karent Hinestroza no sería la Karent Hinestroza que es hoy si no fuese por Chocó. Es la verdad. 

Tenemos que seguir teniendo más directores afro, más mujeres directoras afro que cuenten nuestra historias y que permitan que actores afros actúen como ellos, que construyan personajes que ellos tienen como referentes. Allí es donde encuentro lo importante de Black Panther. Un equipo de actores que ya no estaban rogando por un espaciecito, sino que por primera vez el papel fue construido para ellos. 

KP: Ahora que hablamos de Hollywood. Quiero hacerte esta pregunta: ¿Por qué siempre hablamos de Hollywood y no de Nollywood? Toda esta industria que existe en África, especialmente en Nigeria. Una industria no solamente de cine, pero también de música, arte y cultura. Incluso, estadísticamente hablando, es más grande que la de Hollywood. 

JH: Lo que ocurre es que Hollywood maneja unas cantidades exorbitantes de recursos. Nollywood es una industria de consumo masivo para África, no viaja. No viaja porque los sistemas económicos están dados para los mismos. Digamos que todo está creado en economías cerradas. Hoy día, en el cine, 98% de las salas están destinadas para Hollywood, solamente el 2% están destinadas para otros cines, incluyendo el colombiano. La economía es tan cerrada que no es posible ni en nuestro propio país tener éxito. 

El cine norteamericano ha logrado entrar en todos los territorios desde su cultura, desde su forma de ver el mundo, desde su forma de crear héroes y quién es el enemigo. Si vemos el cine, el bueno siempre es el norteamericano y el malo siempre es extranjero. En estas películas siempre es el norteamericano quien salva el mundo. El héroe es de Estados Unidos y el malo es de Rusia, China o hasta Latinoamérica. Yo siempre digo, ¿Quién no se sabe el himno de USA? ¿Al menos la tonada? Todo el mundo se lo sabe. Es una manera de alfabetizar al mundo entero. El mundo entero está entrenado desde pequeño a consumir lo norteamericano. Lo otro le va a parecer desechable. Lo que pasa con el cine de África es que los medios de distribución, el lenguaje y obviamente el dinero invertido hace que no llegue más allá de los territorios de África. Es muy similar al cine colombiano, casi que se queda aquí entre nos.

KP: ¿De qué hablan las películas de Jhonny Hendrix? ¿Cuál es ese sello que le pones a cada una de tus películas?

JH: Mis películas, en general, siempre hablan de minorías. Ahora bien, una cosa que siempre tocarán mis películas es la nostalgia del ser humano. El ser humano y la gente afro siempre convivimos con la nostalgia. La nostalgia del territorio que nos arrebataron, la nostalgia por la libertad que no hemos logrado. En mis películas siempre habrá ese sentido de nostalgia. Siempre en mis películas habrá un protagonista afro porque es necesario que estemos, que aparezcamos y que existamos en el universo cinematográfico y literario. Hay que pegarle un grito al mundo para que sepan que aquí estamos. 

NM: ¿Cuál quisieras que fuese tu legado? 

JH: Yo no quiero un legado. No quisiera que hablaran de mi. Si en algún momento se habla de Jhonny Hendrix, que sea sobre el primer director negro en Colombia en llevar una película a la sala de cine y tener un público. Hay muchos directores afro que no han logrado estrenar en una sala de cine y eso es lamentable. Creo que se tendrá que decir eso. El resto, no quiero ir más allá de simplemente narrar historias que sean nuestras y poner en el mapa nuestras problemáticas. No quiero ser eterno. Hago películas porque quiero darle al mundo algo. Alguna vez cuando presenté Chocó, dije que Chocó era un hijueputazo susurrado y creo que al mundo le hace falta más hijueputazos susurrados. A veces los hijueputazos susurrados son tan fuertes que logran más que un grito.

Natalia Merced