por: Miriam Franyé Morales Suárez

A través de la historia, la sociedad occidental sexista y racista, ha colocado a las mujeres negras en una posición de invisibilidad y desigualdad (Merino Falú, 2004). Esto ha sido un patrón recurrente en todas las instancias de la vida social —pública y privada—, que han tenido que navegar las mujeres, particularmente las mujeres negras en el contexto puertorriqueño. La exposición de arte Inmarcesible, representa un intento por hacer visible lo invisible y abrir paso para dar a conocer las aportaciones de mujeres negras de la historia puertorriqueña que muchas personas desconocen. Las piezas realizadas por la artista Aurelis Lugo buscan situar en el imaginario colectivo, lo trascendental que han sido muchos de los logros y resistencias en las historias de vida de mujeres como Julia de Burgos, Isabel la Negra, Adolfina Villanueva, Celestina Cordero, Nilita Vientós Gastón y Sylvia del Villard Moreno. Sea en este escrito o mediante los medios mixtos de las obras de artes, notarán que existe un hilo que conecta a todas las mujeres negras que en este escrito serán reseñadas, y es que, el patrón de invisibilización persistió a pesar de que todas figuran como pioneras en los diversos campos en los que se desenvolvieron. 

De todas las mujeres afropuertorriqueñas homenajeadas, Julia de Burgos es quizás la más reconocida. La poeta, nacida y criada en Carolina, Puerto Rico, dedicó sus mas aclamados versos a la expresión viva de la capacidad de las mujeres para reclamar sus espacios mediante poemas como “Ay ay ay de la grifa negra”, “Río Grande de Loíza”, “A Julia de Burgos” y “Yo misma fui mi ruta”. Con versos como, “si el ser el siervo es no tener derechos / el ser el amo es no tener conciencia” y “ (…) soy la vida, la fuerza, la mujer/(…) en mí manda mi solo corazón, mi solo pensamiento/ quien manda en mí soy yo”, estos poemas han sido utilizados para sembrar la semilla de un pensamiento (afro)feminista que vive trazado en los versos de esta poeta. Cuyos grandes homenajes se quedaron esperándola. 

La historia de Isabel “La negra”, oriunda del barrio San Antón de Ponce, está enraizada en una narrativa de supervivencia, lucha e independencia económica y social de las mujeres qua han sido empujadas a los márgenes de la sociedad. Cuenta la historia que Isabel Luberza Oppenheimer —nombre de pila— conocida póstumamente como “La madama de Ponce”, fue una de las primeras mujeres dueñas de un burdel —lugar donde se llevaba acabo trabajo sexual—. Echada a un lado por la sociedad racista-patriarcal, esta ponceña descendiente de esclavos decidió utilizar su cuerpo como un medio para agenciar sus condiciones de vida y sobrevivir en medio de una sociedad que la invisibilizó y violentó. Isabel “La negra”, fue asesinada de un disparo en el año 1974, pero sin duda alguna, su espíritu aún anda por las calles habitadas por otras tantas mujeres afropuertorriqueñas como ella. 

Ahora nos transportamos a la zona costera del norte, allí en el barrio Medianía Alta de Loíza, donde aún vive la memoria y el espíritu de resistencia de Adolfina Villanueva. El asesinato de Adolfina Villanueva, ocurrido a manos de la policía de Puerto Rico, representa la continua guerra entre el estado, las mujeres negras y sus comunidades. Según figura en los limitados documentos públicos, Adolfina había luchado, por medios jurídicos, para permanecer en su vivienda levantada en terrenos rescatados con su esposo y seis hijos en Loíza. Sin embargo, en la mañana del 6 de febrero de 1980, en un enfrentamiento con alguaciles y la fuerza de choque policía de Puerto Rico, esta fue asesinada en medio del intento de evitar que la despojaran de su vivienda. La historia de Adolfina y su comunidad predominantemente compuesta por personas negras, es la historia de muchas mujeres racializadas, que día a día luchan por mantener un techo seguro para sus familias en el contexto colonial de Puerto Rico. Es su espíritu de lucha y resistencia, el que aun vive en todas esas personas que se lanzan a luchar por una vida digna, a pesar de la violencia del estado.

Otra mujer afropuertorriqueña inmarcesible, lo es la escritora Nilita Vientos Gastón. Vientós Gastón figura como una de las criticas literarias mas influyente de su época. La afropuertorriqueña fue la primera mujer que se desempeñó como abogada en el Departamento de Justicia y la primera en presidir el Ateneo Puertorriqueño. Semanalmente, publicaba una columna semanal titulada “Índice Cultural”, en donde se dice que “escribía para sacudir a sus lectores, formar parte de sus vidas, pensar y construir la nación”. Embajadora de nuestra cultura, se caracterizó por hacer un llamado a la libertad, al anticolonialismo y a romper con las estructuras patriarcales que privaban a las mujeres de su pleno desarrollo intelectual en el plano de la vida pública. 

En el rincón de los olvidos forzosos, se sitúa la memoria de Sylvia del Villard Moreno, quien fue una actriz, bailarina, coreógrafa y activista afropuertorriqueña, nacida en el año 1928 en Santurce. La egresada y profesora retirada de la Universidad de Puerto Rico, fue reconocida como bailarina y coreógrafa en las obras «Valley Without Echo», «Witches of Salem», «Afro-Boricua Ballet», «Palesiana y Aquelarre», «Palesianísima», y distintas presentaciones de baile folklórico africano y afropuertorriqueño. En el año 1968, Del Villard Moreno fundó la compañía Teatro Afro-Boricua El Coquí, que posteriormente fue reconocida como una de las principales exponentes de la cultura negra puertorriqueña y antillana. Las aportaciones y la entrega de esta afropuertorriqueña para crear un espacio por y para todes, jugaron un papel importante en el reconocimiento de las artes escénicas y el rescate de nuestros lazos ancestrales con el conteniente africano.

Por último y no menos importante, tenemos a Celestina Cordero, una de las primeras mujeres negras libres que figura como eje fundamental en la historia del magisterio en Puerto Rico. Según figura en la historia documentada, para el año 1817, Cordero afirma mediante un comunicado dirigido a un cabildo que llevaba una trayectoria de 15 años enseñanza. Esto como parte de una petición de dotación económica para su escuela de niñas que para ese momento ya contaba con 115 alumnas bajo su cargo. Años mas tarde, Celestina solicita que se le otorgue la plaza oficial de maestra de San Juan y posteriormente, es nombrada maestra en propiedad. Esta valerosa mujer, dispuesta a agenciar sus condiciones de vida frente al gobierno colonial de la época, luchó por el acceso a la educación de todas las niñas puertorriqueñas sin importar su origen étnico-racial ni clase social. Todo esta ocurrió antes de la ‘abolición’ de la esclavitud en Puerto Rico en el año 1873 —sí, sorprendente—. Vemos en la historia, con todo lo que aportó Celestina, la acción recurrente de invisibilizar las aportaciones de las mujeres negras a la sociedad puertorriqueña. Al sol de hoy, su memoria esta ligada y resguardada detrás de la memoria de su hermano el maestro Rafael Cordero —quien cuenta con al menos tres escuelas en su nombre en el archipiélago de Puerto Rico—, mientras que de ella se sabe muy poco. A ti, Celestina Cordero —mujer inmarcesible—, nuestra maestra de maestras, te vemos, te honramos y tu historia rescata(re)mos. 

Las mujeres negras no solo han sido pioneras, sino que también han tenido que luchar con los sistemas sexistas, racistas y clasistas que las han querido relegar a ser ciudadanas de tercera clase —si eso—, sobre sus pares que cumplen con los estándares euro-centristas para llegar a serlo. No cumplieron con los entandares coloniales socialmente preestablecidos antes y al presente, sus historias —aparentemente— tampoco cumplen con los criterios que se utilizan para establecer lo que merece ser enseñado en las diversas instancias de aprendizaje. Sin embargo, es en estas mujeres afropuertorriqueñas —y sus diversas aportaciones— donde yace el espíritu de lucha y resistencia colectiva que es la columna vertebral de la identidad caribeña y las historias que queremos homenajear. 

Por ellas, cuyos cuerpos han sido campo de guerra —físico e intelectual—. A las que resisten en los márgenes y cuyas historias no son fáciles de acceder…  A las que han intentado desaparecer de la historia, pero lo que no sabían es que sus legados ya dejaron las semillas que hoy, muchos años después, cosechamos. Y todo a pesar de que sus historias son INMARCESIBLES.

Larga vida a nuestras ancestras

— mujeres negras en la historia puertorriqueña— ,

símbolo de lo que fuimos, somos y seremos. 

***Esta pieza narrativa acompaña la exposición de arte Inmarcesibles de la artista plástica Aurelis Lugo y fue presentada por primera vez en Julio del 2019 —mes de dedicado a las mujeres negras— en Ponce Puerto Rico.  

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